Ya es moneda corriente en Italia escuchar las extravagantes medidas adoptadas por el gobierno de Silvio Berlusconi. Desde la probación del superdecreto de seguridad donde se les dio más poderes a los alcaldes, comenzaron a circular una serie de ordenanzas con reglas en muchos casos “absurdas”.
Por ejemplo, en Florencia, gracias a un polémico “código de convivencia civil” se prohibió sacudir alfombras o manteles desde el balcón, lavarse las axilas en fuentes públicas o arrojar al suelo la colilla del cigarrillo .
En otro caso, en la localidad de Capri -al sur de Nápoles- se prohibió el uso de zuecos en el centro histórico porque el ruido molesta a los vecinos.
En la Versilia, como se denomina la costa norte de la famosa región Toscana, las autoridades decidieron vetar los masajes estéticos o terapéuticos hechos por vendedores ambulantes. En Forte dei Marmi, prohibieron durante los meses de verano cortar el césped (con máquinas de motor) de viernes a domingo.
En Asís, la ciudad de San Francisco, no se puede mendigar porque puede causar molestia o acoso a los turistas. En todo el centro histórico de Lucca, por otra parte, el alcalde decidió multar no sólo a quienes arrojaran basura, sino también a quienes les dieran de comer a las palomas. Y todo esto, a cambio de una importante suma de dinero que puede llegar a los 500 euros.

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