Por culpa de la acción del hombre sobre la naturaleza, no es fácil encontrar paraísos donde ir a desconectar del trabajo y relajarse completamente. Uno de esos sitios es Fernando de Noronha. Se trata de una isla perdida en el Océano Atlántico, a 360 km de la costa norte de Brasil. Allí hay pequeño archipiélago descubierto por Américo Vespucio en 1503, que supo ser base militar durante la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente es un territorio turístico preservado al extremo. La ecología es allí sagrada. Nos podemos encontrar con playas vírgenes cercadas por morros selváticos, un mar cristalino con delfines y tortugas y, lo mejor de todo, poca gente.
En la isla mayor, la única habitada de todo el archipiélago, apenas hay algo más de dos mil personas que viven permanentemente. Además, el ingreso de turistas está regulado, con el objetivo de resguardar a la isla de la explotación desmedida que destruyó a tantos paraísos similares en el planeta.
Como llegar: De las ciudades brasileñas de Natal, Rio Grande do Norte, y Recife, Pernambuco, salen vuelos diarios hacia la isla. Agencias de viajes de todo el Brasil organizan paquetes turísticos para la isla. Otra posibilidad interesante es embarcar en uno de los cruceros que recorren la costa del Brasil entre octubre y febrero, en los cuales la isla es siempre escala infaltable.
Hospedaje: Existen alrededor de 70 pequeñas posadas. Por lo general son antiguas casas de habitantes de las islas que fueron adaptadas para recibir huéspedes y que ofrecen habitaciones con minibar, televisor y aire acondicionado.
Más información en www.noronha.pe.gov.br.

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