Había que escuchar a los aficionados chinos cada vez que Lionel Messi como Sergio Agüero tocaban el balón: un grito de sorpresa, de admiración, cómo si vieran algo de otro mundo. Argentina, está claro, cuenta con el mejor plantel para defender la medalla de oro conseguida en Atenas. Pero en el fútbol, ya no se gana sólo con nombres o el peso de la camiseta. Costa de Marfil jugó un gran partido, complicó a los albicelestes y mereció -quizás- mejor suerte en el resultado final.
Los Elefantes sorprendieron con la rapidez y habilidad de Gervinho, de sobrenombre brasileño pero nacido en Costa de Marfil, un verdadero dolor de cabeza para los defensores argentinos. A los 37, Gervinho aceleró, llegó hasta la línea de fondo y tocó atrás para el remate de Kalou. Tapó Ustari y en el rebote, otra vez Gervinho empujó al gol pero el alemán Wolfgang Stark sancionó correctamente fuera de juego.
A 3 del final, Riquelme puso un pase precioso entre los marfileños para dejar sólo a Messi que, con una gran definición, marcó el primer tanto argentino. En la segunda etapa, a los 7, cuando pasaba poco, un violento cabezazo de Cisse el empate y la sorpresa.
Quedaban cuatro minutos y Messi con mucha picardía sacó rápido un tiro libre para Riquelme, el de Boca se la devolvió a Lionel, remató, dio rebote el arquero y Lautaro Acosta, ingresado segundos antes, colocó el segundo gol que finalmente le otorgó la victoria al equipo de Batista.
Los argentinos esperan mucho de Messi: hoy pagó de la mejor manera. Jugando y haciendo jugar.

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