George Steiner, una de las mentes más luminosas de nuestro tiempo, ha llegado a la patriarcal edad de 80 años.
Este hombre universal, Chevalier de la Légion d’Honneur y merecedor, entre otras distinciones, del Premio Truman Capote, de la Universidad de Stanford; del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, así como del Premio Internacional Alfonso Reyes, debería ser el ganador del Nobel de Literatura 2009, con el que culminaría su carrera.
Tan vasta es su producción, que para comentarla someramente sería preciso disponer de centenares de páginas y no de una breve reseña como ésta.
Centrémonos, por tanto, en un solo aspecto: su estudio crítico de la ópera inconclusa Moses und Aron (Moisés y Aarón), de Arnold Schoenberg (1874-1951).
La triscaidecafobia (horror al número 13) y el deseo de que el título de su magnum opus tuviera tantas letras como las 12 tribus de Israel, obligaron a Schoenberg a suprimir una a del nombre Aarón. En español, el título cuenta con las 12 letras deseadas, sin tener que modificarlo.
Steiner afirma en su libro Lenguaje y silencio que Moses und Aron está emparentada con el Parsifal de Wagner, y hay anticipaciones orquestales tanto en Mahler como en las propias composiciones iniciales de Schoenberg y en sus óperas cortas.
Párrafos adelante, Steiner considera a Schoenberg como poswagneriano y heredero, más aún en el terreno de la moralidad artística que en la técnica orquestal, de Mahler.
Adicionalmente, cita al filósofo y musicólogo Theodor Adorno (1903-1969) cuando dice que Moisés y Aarón puede analizarse con el mismo espíritu que una de las grandes cantatas de Johann Sebastian Bach (1685-1750).
En el pasaje más memorable de su ensayo, Steiner habla así de la música posterior al inicio del segundo acto:
“…lo que sigue es una de las piezas orquestales más asombrosas escritas en el siglo XX, una sinfonía en cinco movimientos con voces solistas y coros. La orquestación es tan intrincada y a la vez tan dramática en su exposición y matices, que parece increíble que Schoenberg haya podido oírla íntegra en su interior, que haya sabido exactamente (si así fue) cómo habrían de resultar esas fantásticas combinaciones instrumentales y rítmicas sin, de hecho, haber escuchado jamás el sonido de una nota”.
Al respecto, el legendario director de orquesta Sir George Solti (1912-1997) confesaba que cuando estudió por primera vez la partitura de Moisés y Aarón sintió miedo y angustia porque creyó que nunca sería capaz de aprenderla.
Posteriormente, logró dominarla y la dirigió más de veinte veces en Londres, París, Chicago y Nueva York. Aseguraba que el oyente no debe desanimarse ante su dificultad intrínseca, por lo que recomendaba que la escuchara repetidamente, proceso que lo llevaría a asimilarla sin mayor problema.
“A pesar de su formal estado inconcluso—concluye Steiner en su estudio--, es una obra de maravilloso carácter acabado”.
Si el lector admira la obra de Schoenberg y se ha internado en la audición de esta ópera portentosa, es preciso que acuda al ensayo de Steiner tan fugazmente mencionado en esta ocasión.
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