Mié, 07/21/2010 - 20:07
Concepciòn Moreno/El Economista
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Cercas es uno de los grandes cronistas de la historia política reciente de España

Javier Cercas acepta ser esclavo de sus libros

Javier Cercas (Cáceres, España, 1962) hizo su nombre sinónimo de la Guerra Civil con una pequeña novela magnífica: "Soldados de Salamina". A casi una década del éxito, Cercas sigue siendo “un escritor de periódico”, como se autodenomina, y uno de los grandes cronistas de la historia política reciente de España.

Soldados de Salamina me reveló no sólo a la Guerra Civil, sino también un
pedazo de la historia de mi país. México sería otro sin el exilio español.

“Qué te puedo decir. México fue tan generoso con España en ese trance y nosotros le hemos pagado con mezquindad. Debemos acercarnos más con humildad a México y a Latinoamérica porque les debemos mucho”.

Los rockstars se hartan de que los fans les pidan la misma canción ¿Ya se hartó de Soldados de Salamina?

“No, jamás. ¿Cómo iba a hartarme de un libro que me ha dado tanto? Ahora, yo no tengo que cantarlo una y otra vez, eso sí sería cansado (risas). "Soldados de Salamina" a mí me convirtió en escritor profesional, me ha dado para ganarme la vida. Yo jamás habría pensado que iba a vivir de lo que ganara escribiendo.

“Por supuesto eso tiene su contrapartida: todos quieren hablar del libro y siempre preguntan de lo mismo, pero está bien. Acepto ser esclavo de mis libros. Un amigo me dice: ‘Antes eras el autor de Soldados, ahora eres el de Anatomía de un instante’. No me quejo”.

¿Cómo hizo Soldados de Salamina?

“La anécdota con la que comienza la novela es más o menos cierta. Sánchez Ferlosio, un escritor que a mí me parece de lo mejor pero que es muy poco conocido fuera de España, me contó sobre el fusilamiento fallido de su padre, Rafael Sánchez Mazas, y me lo contó de una manera tan fascinante que yo iba y se lo platicaba a todo mundo. Lo escribí en un artículo, que aparece en la novela, y luego ese ‘yo’ ficticio del relato se fue encontrando más y más historias. Fue saliendo sin darme cuenta”.

¿Quería hacer una novela sobre la Guerra Civil?

“Qué va. Los españoles, todos, tenemos una relación ambigua con la Guerra Civil. Por un lado sentimos mucha curiosidad, es algo de lo que se habla mucho, sobre todo en familia. Es un hecho fundacional de nuestro país, hay historiadores que la llaman el hecho más importante de nuestra historia en 300 años y creo que es verdad.

“Pero por otro, a muchos las novelas y las películas de la Guerra Civil nos parecen un coñazo, montón de clichés. Mi generación estaba harta de tanto romanticismo, queríamos hechos. Yo como lector prefería con mucho el enfoque histórico”.

Como la relación que tenemos nosotros con la Revolución...

“Creo que sí. Guerras así son el pasado pero también el presente. Siempre se necesita quien las vuelva a contar, y las debe contar el que no las peleó”.


¿Y cómo afectó a sus compatriotas tu novela?

“En 2001, cuando sale, mi editora me había dicho que el libro sería leído por unas 5,000 personas y sobre todo personas mayores de 60 años. Me pareció fantástico. Pero este libro cambió eso. Soldados es sobre todo leído por personas muy jóvenes”.

La generación de los nietos...

“Creo que eso es lo más importante: los nietos leyendo y los nietos contando. Hay una perspectiva distinta en la tercera generación, hay distancia suficiente pero conexión personal con los hechos por los recuerdos (o los silencios) del abuelo... Las más grandes novelas de guerra son obras de nietos: Guerra y paz de Tolstoi, Faulkner sobre la Guerra de Secesión americana. ¡El western! Todo un género épico inventado por la generación de los nietos. Me gusta: Soldados de Salamina tiene algo de western (risas)”.