Se trata de uno de esos libros que sólo se consiguen en librerías de viejo. Y no porque sea muy antiguo —yo acabo de comprar su tercera edición que data de 2000—, sino por la neoliberalismo salvaje del mercado libresco que privilegia la novedad por encima de obras de mayor alcance. Su título es "El lápiz del carpintero"; su autor, el gallego Manuel Rivas; su editorial, Punto de Lectura.
Ambientada en la guerra civil española, la novela cuenta la historia de un viejo “rojo” —el doctor Da Barca— encarcelado durante la dictadura franquista; sus relaciones con los otros presos y, cómo, de las tres veces que está a punto de ser fusilado, se salva por X o Y motivo, lo que le vale la leyenda de ser un protegido del diablo.
Con estas pocas señales la novela se antoja fascinante. Sin embargo, hay más: Herbal, custodio de Da Barca y su enemigo en amores, es un contrapunto interesante de la historia que se cuenta, misma que va más allá de lo anecdótico para adentrarse en los antiquísimos mitos y en la identidad del pueblo gallego.
Aquí una de tantas: en cierta ocasión el barco Palermo, que llevaba una carga de acordeones, naufraga a las orillas del Atlántico gallego, y desde entonces las olas mecen el sonido de una música melancólica. Y de allí se derivan otra, y otra, como la de las dos hermanas que se llamaban Vida y Muerte, y de cómo un joven acordeonista enamora a la primera, mientras que la segunda, en su persecución de la pareja, va matando a todo aquel que no le sabe dar santo y seña de los enamorados.
"El lápiz del carpintero" es una de esas novelas que al lector se le acaban entre las manos, pues si bien quiere saber en que acaba, también sufre al darse cuenta que las historias que allí se cuentan están por terminarse.
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