Vie, 12/04/2009 - 15:21
Alejandro Flores / Mundo 52
Su voto: Nada Promedio: 5 (un voto)
Se estrena "Caso 39"

Renée Zellweger, otra rubia de miedo

Renée Zellweger, actriz comprobada, ganadora del Oscar, en la cinta "Caso 39" prueba fortuna en el género terror, como lo han hecho anteriormente otras rubias hollywoodenses de su generación, como Nicole Kidman (Los otros) y Naomi Watts (El aro).

La película es una exploración de los límites del mal y una aproximación
gringa al terror más puro, el que imaginamos e inventamos, el de nuestros apegos, aversiones y traumas.

Por ello una pregunta que se plantea en la película al final nos queda como reflexión: ¿Cuál es tu idea del infierno?

Dar respuesta nos desnuda y expone, es de ese tipo de cosas que es mejor no decir, mucho menos a una persona que tiene el poder de convertir nuestro infierno en realidad, como es el caso de Lillit Sullivan,
personaje de la película.

Las trampas de la belleza

Lillit tiene 10 años de edad y aparentemente es una niña inofensiva y tierna, con una voz dulce y elocuente, un cabello negro, lacio y largo y un rostro pulcro y bello como de un ángel caído del cielo, ¡así!, sin exagerar.

Esa figura angelical vive atosigada por sus padres, quienes la odian, y eso repercute en el temperamento abstraído de la niña.

El buen trabajo de dirección hace que el espectador quiera meterse a cuidar a la niña: ¡ah, las trampas de la belleza!

Para consuelo del público aparece Emyli Jenkins (Renée Zellweger) una exitosa trabajadora social especializada en problemas familiares, quien queda prendada del caso y de la niña, además intuye que “algo” ocurre en esa casa, que los padres simulan, piensa que Lillit sufre, lo ve en su rostro.

Emyli advierte la mentira que esconden los Sullivan, y esto la hace romper los límites de su profesión: le da a Lillit su número telefónico para que la llame en caso de peligro.

La llamada llega en el despunte de la noche, es Lillit quien dormitando
le pide ayuda. Lillit se duerme.

Emyli escucha por el teléfono ruidos en la alcoba de Lillit, sabe que son sus padres, cuelga, pide ayuda a un amigo policía y aborda su automóvil con rumbo a casa de los Sullivan.

En el interior del hogar de los Sullivan algo ocurre a media noche... Los padres de Lillit han metido a la niña en el horno, quieren quemarla viva. Emyli y su amigo logran salvar a la niña. Final feliz y champagne, victoria para los buenos...

Tan sólo han transcurrido 20 minutos de película. Pero lo que viene es
una muy interesante vuelta de tuerca que parecería retomar lo mejor del terror psicológico japonés.

No obstante, la cinta sucumbe ante los facilismos del mercado hollywoodense, inoperante a la hora de arriesgar.

Merece mención aparte el trabajo de Jodelle Ferland (Lillit), quien
con su temple de acero, sus parlamentos complejos y dicción perfecta,
es decir por aquello que es actuación y no efecto de pantalla, hizo que por vez primera un niño que no sea uno de mis sobrinitos desalmados me atemorice por completo.

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