Cuando alguien quiere quitarse la vida, no conseguir su objetivo es todo un fracaso. Eso le ocurrió a un anciano de 84 años, llamado Jacobo Beck, quien se disparó cinco balazos en la cabeza y uno en el tórax y aún así no logró suicidarse, como era su intención.
Al entrar en su casa, la policía lo encontró con vida y consciente. El hombre estaba sentado en un sillón. La vivienda estaba totalmente cerrada y pudieron entrar en ella mediante una llave que le dio un sobrino del anciano, que había llamado a las fuerzas de seguridad alertando sobre el hecho, tras escuchar los disparos.
El suicida fue traslado de forma inmediata a un hospital donde se pudo comprobar, mediante una tomografía, que presentaba cinco proyectiles en la cabeza y otro en el tórax. La policía consideró que la supervivencia del hombre podría deberse a que el arma es muy vieja y probablemente la munición no estaba en buen estado, lo que hizo que los proyectiles no salieran con la potencia suficiente. ¿Mala o buena suerte?

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